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El derecho del niño a tener una familia

Los padres, como recordaba el Concilio Vaticano II, jugamos ahí un papel insustituible:

«Es deber de los padres crear un ambiente de familia animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los hombres, y que favorezca la educación íntegra personal y social de los hijos».

En la familia se aprende lo más importante: a ser personas.

Finalmente, hablar de familia para los cristianos es hablar de la Iglesia.

El evangelista San Lucas nos dice que los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor. Aquella ofrenda era figura de la ofrenda sacrificial de Jesús al Padre, fruto de la cual hemos nacido los cristianos.

Considerar esta gozosa realidad nos abrirá a una mayor fraternidad y nos llevará a amar más a la Iglesia.

A su vez, como cristianos debemos tener un claro compromiso social, al cual debemos ser respuesta de nuestro tiempo, y considerar la realidad.

Según datos recogidos en la Convención sobre los Derechos del Niño, de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 20 de noviembre de 1989 y ratificada en España el 30 de noviembre de 1990, se recoge el derecho del niño a tener una familia.

Este documento que presenta Naciones Unidas tiene un carácter de obligación para los estados que lo han ratificado; podemos decir que es una norma universal, porque 191 países lo han hecho.

Principio 6: “El niño, para el desarrollo pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, necesita amor y comprensión. Siempre que sea posible, deberá crecer al amparo y bajo la responsabilidad de su padre y su madre y, en cualquier caso, en un ambiente de afecto y de seguridad moral y material; salvo circunstancias excepcionales, el niño de corta edad no será separado de su madre. La sociedad y las autoridades públicas tienen el deber de cuidar especialmente a los niños sin familia o que carezcan de medios de subsistencia.” “Si los niños no pueden vivir en familia, deben ser atendidos por otra familia o en un centro de acogida.”[i]

Nos parece fundamental tomar conciencia del bien común, porque si realmente todos fuéramos conscientes de que nuestros actos afectan no sólo a nuestra persona o a nuestro entorno inmediato, sino que afecta a todo el mundo, que todos somos prójimos y que el bien del otro es un bien para la sociedad y también para uno mismo, muchísimos pequeños y grandes conflictos se resolverían inmediatamente.

“El orden como concepto, implica la relación con un conjunto de elementos en los que se está insertado.”[ii]

 

Esteban Sampietro & Cynthia Bassi 

[i] Convención sobre los Derechos del Niño, de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 20 de noviembre de 1989 y ratificada en España el 30 de noviembre de 1990

[ii] El orden interior de la persona – Pablo Garrido

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