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El fin último del hombre según ‘Principio y Fundamento’ y su importancia en la terapia católica

Para ello elaborará una especie de test, el cual tendrá como finalidad que el ejercitante pueda discernir sus disposiciones interiores para detectar los AFECTOS DESORDENADOS ocultos en su alma.

Este test recibirá el nombre de ‘PRINCIPIO Y FUNDAMENTO’.

Analizaremos brevemente el contenido de este texto fundamental de la doctrina ignaciana, el cual atraviesa, a la manera de horizonte y guía, todo el proceso del ejercitante hasta su fin. 

Pues bien, ya desde el comienzo San Ignacio aclarará cuál es el sentido último de la vida del hombre y el valor de las creaturas en relación con tal fin, cito al autor.  

 

El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima.  Las otras cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es creado’

 

  • Es decir, el hombre ha sido creado para Dios, este es el fin de toda creatura espiritual y racional. Ninguna otra cosa sobre la faz de la tierra puede ser considerada como fin último en la vida del hombre, por más noble y buena que sea.

 

  • San Ignacio no dice que el hombre elija el fin, sino que él es creado para tal fin. El fin como objeto de la voluntad, según la doctrina clásica, no cae bajo elección. Esto significa que el hombre no puede elegir querer o no querer la bienaventuranza o la vida eterna, puesto que para eso mismo ha sido creado.

 

  • Como corolario de esta situación el resto de las creaturas son solo medios puestos al servicio del hombre. La voluntad, por tanto, debe querer los medios en orden al fin último que es Dios.  Si la voluntad, en cambio, quiere los medios en sí mismos, como algo absoluto y desvinculado de Dios, se desordena interiormente, y con ella todo el hombre.

 

  • En lenguaje más teológico podemos decir que Dios ha puesto en el hombre una cierta espontaneidad espiritual por la cual lo atrae necesariamente hacia Él. El hombre no puede rehusar de esta tendencia constitutiva de su ser, y por eso permanece inquieto hasta que su voluntad no repose definitivamente en Dios.

 

  • Todas las elecciones del hombre, en última instancia, apuntan a esta unión definitiva con el Sumo Bien, solo allí el hombre halla la delectación espiritual y el reposo total del apetito. Por eso, a medida que nos vamos alejando en nuestras elecciones de Dios, la voluntad anda errante e inquieta, con desasosiego espiritual, puesto que nada la sacia.

 

  • En definitiva, esta ´frustración existencial´ o ´angustia existencial´, tan arquetípica de nuestro tiempo, no es otra cosa que la incapacidad de la voluntad de saciar su deseo natural hacia el fin último, en esta imposibilidad el hombre padece y enferma por su desorden interior.

 

  • La psicología o terapia católica considerará el fin último de Principio y Fundamento como su propio fin:

‘El hombre ha sido creado para alabar y dar gloria a su Creador’.

 

La salud óptima corresponderá con ese estado del alma, donde el fin último, que coincide con la bienaventuranza eterna, mueva y dirija las potencias interiores del hombre atrayéndolas hacia sí, en armonía con el orden natural ingénitos en las creaturas.  

Cualquier desviación o alejamiento de ese fin último o Sumo Bien implica un estado de dolencia, alteración, perdida de la armonía, que, según su grado, puede ser causante o co-causa de un estado de perturbación o sufrimiento ya sea físico, biológico, emocional o espiritual.

 

Las enfermedades psíquicas se consolidan sobre ese núcleo de desorden y rebeldía frente al orden natural y al fin último.

 

Mariana Laura Vogliazzo

Licenciada en Psicología - UCA- Universidad Católica Argentina 

Licenciada en Filosofía - Universidad de Morón - Argentina

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