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LA INFLUENCIA DE LOS ÁNGELES EN EL PSIQUISMO

Lic. en Fil. y Psic. MARIANA VOGLIAZZO (UCA ARGENTINA)

Esta es una entrada especialmente útil a psicólogos, psiquiatras, consejeros, sacerdotes.

 

El tema que trataré a continuación es ´La influencia de los ángeles en el psiquismo´, para ello nos detendremos principalmente en el análisis de la Cuestión 111 de la prima pars de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino.

Algunas de las preguntas que motivaron en mí el desarrollo de este tema fueron las siguientes:  

 

  1. ¿Pueden los ángeles suscitar desequilibrios emocionales o afectivos?
  2. ¿Pueden los ángeles alterar la percepción y producir alucinaciones?
  3. ¿Pueden los ángeles iluminar el entendimiento con una luz falsa?
  4. ¿Pueden los ángeles provocar obsesiones, miedos, fobias, conductas compulsivas, delirios?
  5. ¿Pueden los ángeles producir una enfermedad corporal? 
  6. ¿Pueden los ángeles provocar una enfermedad psíquica o mental?

 

               Al respecto, es verdad revelada que estamos rodeados de ángeles, de día y de noche, por la mañana y por la tarde, ángeles buenos y ángeles malos acechan muy cerca nuestro buscando incidir sobre nosotros: sobre nuestro cuerpo, sobre nuestras potencias y, en definitiva, sobre nuestro psiquismo. Al respecto, expresa Andereggen:

 

 ‘Nos adormecemos sin pensar que hay demonios permanentemente junto a nosotros queriendo hacernos caer en el pecado y confundir nuestro entendimiento. Esto no es cosa que suceda en ocasiones raras, sino todos los días; no solo de mañana, sino también de tarde y de noche: en todo tiempo los demonios quieren influir en nuestro entendimiento’[1]

 

           Sabemos además que esta acción de los ángeles sobre los hombres está custodiada muy de cerca por el Gobierno que Dios ejerce sobre todas sus creaturas, y que la Divina Providencia dispone de ellos para el bien de sus elegidos. Tenemos entonces que Dios piensa y gobierna al mundo a través de un orden existente en su mente: ‘El plan de la providencia divina’.  Y según este orden instituido por el Creador: ‘los seres materiales deben ser gobernados por los seres inmateriales’.  Así lo expresa Santo Tomas de Aquino (I q.110 a.1):

 

                   ‘Por consiguiente, como los ángeles inferiores que tienen formas menos universales, son regidos por los superiores, así todas las formas corporales son regidas por los ángeles. Y esto no es solo doctrina de los santos doctores, sino también de todos aquellos filósofos que admitieron substancias espirituales’

 

En efecto también Aristóteles sostenía que los cuerpos celestes son movidos por motores intermedios, formas puras, sustancias simples que, en el lenguaje medieval, cumplen la función de ángeles. Sin embargo, Aristóteles no previo esta influencia de las sustancias simples sobre los cuerpos inferiores. En cambio, desde la mirada superadora del dato revelado, esta acción alcanza a toda la naturaleza creada y material.

 

Decimos entonces que este gobierno del mundo invisible sobre el mundo visible alcanza a la creación en todos sus niveles. De esta manera todo el cosmos – y no solamente el hombre- está sabiamente gobernado por inteligencias puras, pues la providencia de Dios se extiende a todo el orbe.

 

Sin embargo, esta acción de los ángeles sobre la materia tiene sus límites. Por ejemplo, los ángeles no pueden imprimir una nueva forma en una materia, acción que le compete exclusivamente a Dios:

 

´Así, pues, todo acto de recibir la materia nuevas formas viene, o inmediatamente de Dios, o de algún agente corpóreo; pero no inmediatamente del ángel’ (Iª q.110 a.2).  

 

Pero sí puede, la potencia activa del ángel, incidir sobre todo el universo corpóreo a través del movimiento local.  Esto significa que todo lo que naturalmente cae bajo el alcance de este movimiento, cae bajo el dominio de los ángeles. Podemos decir entonces que no existe una obediencia absoluta de la materia a la voluntad del ángel, aunque sí una obediencia relativa, en todo lo circunscripto al movimiento local y la alteración corpórea.

 

[1] Andereggen, I; Experiencia espiritual, pg. 735

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