Blog

Artículos Recomendados

LA INFLUENCIA DE LOS ÁNGELES EN EL PSIQUISMO (Parte 3)

Lic. en Fil. y Psic. MARIANA VOGLIAZZO (UCA ARGENTINA)

Esta es una entrada especialmente útil a psicólogos, psiquiatras, consejeros, sacerdotes.

Continuando con el artículo 2 de la cuestión 111, nos encontramos aquí frente a un tema arduo, como ser la relación entre la voluntad y los apetitos sensibles, problema que se remonta en su raíz a la perdida de la Justicia original por la cual los apetitos sensibles quedaron destituidos de su orden propio, no sometiéndose al imperio de la voluntad y de la razón por la cual se encaminaban naturalmente a la virtud. Como corolario de esta situación y a raíz de esta herida original, los apetitos permanecen con cierta autonomía en relación a las potencias superiores, pudiendo influir indirectamente sobre la voluntad de dos maneras [I-II q.77 a.1].

 

1-La primera desintegrando la fuerza de la esencia del alma desviándola hacia múltiples objetos sensibles. Pues como explica el Doctor angélico, la fuerza del alma es una y está integrada hacia el Bien último de la naturaleza humana, pero cuando los apetitos imperan con fuerza sobre la voluntad, pueden hacer que el acto propio del apetito racional se debilite o se vea impedido por la descomposición de esa fuerza hacia diferentes bienes parciales. Santo Tomás lo expresa claramente:

 

'Pues radicando todas las potencias del alma en la única esencia de la misma, es necesario que, cuando una potencia se concentra en su acto, la otra afloje, o también se vea totalmente impedida en el propio. Ya porque toda la fuerza dispersada en muchas cosas deviene menor; de donde, por el contrario, cuando se concentra sobre una, se puede dispersar menos a otras cosas’ (I-II q.77 a.1)

 

2-La segunda porque el apetito sensible, en vez de seguir el juicio de la cogitativa -dirigida a su vez por la razón universal-, sigue la aprehensión de la imaginación y del sentido, las cuales se encuentran más alejadas del influjo racional, y por esta razón (sobre todo la imaginación) más propensa a extraviarse volviéndose autónoma y  autorreferencial. En efecto podría suceder que la imaginación, que es una potencia aprehensiva, le muestre al apetito un objeto con cierta insistencia y vehemencia, haciendo que nuestras tendencias sensitivas, que siguen siempre un conocimiento dado por los sentidos internos, se vean fácilmente excitadas inclinándose desordenadamente hacia ese objeto, y desligándose así del imperio de la cogitativa y de la razón universal. Al respecto nos aclara el Doctor angélico:

 

El apetito sensitivo no solo puede ser movido por la estimativa en los animales y por la cogitativa en el hombre, dirigida ésta por la razón universal, sino también por la imaginación y los sentidos. De ahí que experimentemos la resistencia que el apetito concupiscible e irascible oponen a la razón, al sentir o imaginar algo deleitable que la razón prohíbe o algo triste que la razón manda. (I q.81.a.3).

 

 Por tanto, cuando este orden racional se pierde, y es la imaginación como potencia aprehensiva quien impera sobre las tendencias sensitivas, estas últimas comienzan a ejercer una especie de ‘dominio irracional y antinatural’ sobre las potencias superiores, desorganizando la vida psíquica y espiritual de la persona en su totalidad, por la desviación del juicio de la inteligencia y concomitantemente de la deliberación de la voluntad, pudiendo todo esto ser causado perfectamente por el influjo de los ángeles. Contrariamente esto no sucede cuando ‘el apetito sensitivo es naturalmente  movido en primer lugar por la cogitativa (y no por la imaginación)’[1]

 

 Porque la cogitativa, como hemos dicho, es una cierta participación de la razón universal, en efecto ‘La excelencia de la cogitativa y de la memoria en el hombre no estriba en lo que es propio de la parte sensitiva, sino en cierta afinidad y proximidad a la razón universal que de algún modo refluye sobre ellas’ (I.q.78, a. 4)

 

Resumiendo, podemos decir que solamente Dios puede mover la voluntad directamente, por ser Dios el autor de la naturaleza intelectual en sí misma, y por consiguiente de la inclinación natural de la voluntad hacia el fin último:

 

‘La Voluntad del hombre puede ser movida de dos modos. El uno, desde dentro de ella misma; y de este modo, como el movimiento de la voluntad no es otra cosa que una inclinación de la misma hacia el objeto querido, solo Dios es capaz de moverla, por ser El quien da a la naturaleza intelectual la virtud de tal inclinación; pues, como la inclinación natural no procede sino de Dios, que da la naturaleza, así la inclinación voluntaria no viene más que de Dios, que es causa de la voluntad’ (I q.111,a.2]. 

 

En cambio, por medio de la persuasión o por los apetitos sensibles, la voluntad puede ser movida tanto por el ángel como por los hombres (Iª q.111, a.2). 

 

Aún así el Aquinate insiste que la voluntad permanece siempre libre para resistir o consentir a la pasión:

 

Los demonios no son capaces de infundir pensamientos causándolos interiormente, porque el uso de la capacidad cogitativa es cosa de la voluntad. Se dice, no obstante, que el diablo enciende los pensamientos en cuanto, por medio de la persuasión o excitando las pasiones, incita a pensar o a desear las cosas pensadas’ (I q.111, a.2)

 

Continuaremos en la próxima entrada analizando el resto de los artículos de la Cuestión 111 prima pars de la Suma Teológica.

 

 

[1] Pero, como anteriormente hemos dicho, el hombre tiene, en lugar de la estimativa, la cogitativa, llamada por algunos: razón particular, porque compara las representaciones individuales. Por eso de ella proviene en el hombre el movimiento del apetito sensitivo. Ahora bien, la razón particular es movida y dirigida en el hombre por la razón universal (…) por tanto es evidente que la razón universal impera el apetito sensitivo, que se divide en concupiscible e irascible’ (I q.81.a.3)

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Contador

Flag Counter

Quien está en línea?

Hay 219 invitados y ningún miembro en línea

Newsletter

* No venderemos su ID de correo electrónico