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LA INFLUENCIA DE LOS ÁNGELES EN EL PSIQUISMO (Parte 5)

Lic. en Fil. y Psic. MARIANA VOGLIAZZO (UCA ARGENTINA)

Esta es una entrada especialmente útil a psicólogos, psiquiatras, consejeros, sacerdotes.

Llegando al último artículo de la cuestión 111 prima pars, Santo Tomás tratará sobre la influencia de los ángeles sobre los sentidos externos, y en este caso, al igual sucede en los sentidos internos, la regla básica a seguir va a ser la misma, cito nuevamente al Aquinate:

‘Mediante la conmoción interior de los espíritus y humores, puede el ángel llegar a alterar el acto de la potencia nutritiva. Esto mismo puede hacer también respecto de la potencia apetitiva o sensitiva o de cualquier otra potencia en la que intervenga órgano corporal” [ I-II q.111, a. 4] 

 

Por consiguiente, los sentidos, al ser órganos corpóreos, también pueden ser inmutados por los ángeles de dos maneras:

a) exteriormente: cuando el ángel presenta a los sentidos del hombre algún objeto sensible formándolo de la misma naturaleza o de su propia virtud [ I-II q.111, a. 4], por ejemplo, al tomar el ángel cuerpo. San Juan de la Cruz, por ejemplo, nos dice que los demonios pueden proponer exteriormente a los sentidos muchos objetos, ‘demostrando a la vista figura de santos y resplandores hermosísimos, y palabras a los oídos harto disimuladas, y olores muy suaves, y dulzuras en la boca, y en el tacto deleite, para que, engolosinándolos por allí, los induzca en muchos males’

b) Pero también los ángeles pueden inmutar a los sentidos externos interiormente, conmoviendolos espíritus y humores como quedó dicho [I-II q.111, a. 4

 

          EN SÍNTESIS, podemos decir que los ángeles actúan diversamente sobre las potencias y facultades del hombre conforme a su diferente condición ontológica. Así, en aquellas facultades aprehensivas que dependen de una condición orgánica, como ser los sentidos internos y externos, los ángeles pueden obrar tanto de manera intrínseca, a través del movimiento local de los espíritus y humores, o de manera extrínseca, ya sea presentando al sentido alguna forma sensible que corresponda con su objeto formal propio. 

 

            En cambio, en la voluntad y en el entendimiento, que son potencias espirituales, solo pueden influir de manera indirecta y exteriormente, siempre a través de la acción que los ángeles ejercen sobre las potencias orgánicas. Por consiguiente, el ángel no tiene poder para penetrar y mover a las potencias espirituales desde dentro. Este rodeo en su inmutación sobre las potencias superiores lo realiza ‘solo y a través’ de su operación sobre el psiquismo inferior, y por medio de la alteración o cambio local de los espíritus y humores. Solo de esta forma, repetimos, pueden los ángeles influir sobre el entendimiento, únicamente a través de los sentidos, las pasiones o las alteraciones corporales, con todo no puede nunca el ángel doblegar completamente la voluntad.

 

            Volviendo a las preguntas que nos hicimos al comienzo de esta exposición, intentaremos aproximar de manera general una respuesta.

 

 1) En primer lugar afirmamos que, según los textos del Aquinate, los ángeles pueden suscitar cualquier tipo de enfermedad corporal. Pues si los ángeles tienen un poder directo sobre la materia, nada les impide perturbar el funcionamiento fisiológico de los órganos corporales y producir una enfermedad orgánica[1].

 

        2) En segundo lugar, no solamente los ángeles pueden producir una enfermedad corporal sino también una enfermedad psíquica que, a diferencia de las anteriores, tienen su causa en un desorden de las potencias del alma y concomitantemente de las pasiones, puesto que ‘las pasiones no se llaman enfermedades o perturbaciones del alma sino cuando les falta la regulación de la razón’ (I – II q.24, a.3) Martín Echavarría aclara al respecto lo que Santo Tomás entiende por enfermedad psíquica: ‘Un trastorno de la vida sensitiva interior y de la afectividad con  génesis anímica, en cuanto causado por las malas costumbres, que la indispone respecto a su inclinación natural.( La praxis de la Psicología, p. 389)].

 

        Efectivamente los ángeles pueden excitar o inhibir todo tipo de pasiones, a través de su acción sobre el sistema endocrino y la alteración del estímulo nervioso que es procesado a nivel cerebral. A modo de ejemplo, Santo Tomás nos dice que ‘el movimiento de la ira viene a ser causa de cierta efervescencia de la sangre y de los espíritus junto al corazón, que es el instrumento de las pasiones del alma’ [ I- II q.48, a.2]. Al revés sucede con el temor, pasión que implica ‘una contracción del calor y de los espíritus al interior. En cambio, en los que temen, se produce el movimiento del calor interior y de los espíritus desde el corazón a las partes inferiores’ (I- II q.44, a. 1).

 

           Por consiguiente, los ángeles [malos] pueden inmutar ‘el apetito sensitivo a algunas pasiones por determinados movimientos del corazón y de los espíritus’ [ I-II q. 80, a.2], y de esta manera suscitar todo tipo de desequilibrio afectivo o enfermedad psíquica.  Así la depresión (tristitia) o melancolía sería para el Aquinate un trastorno humoral de base orgánica, que se caracteriza por una tristeza profunda, mientras que la manía sería un raptus de agresividad que también nace de la tristeza, pero se diferencia de ella por la prevalencia de la pasión de la ira, pudiendo ambas ser causadas por el influjo angélico[2].

 

Seguiremos en la próxima entrada con la última entrada de este trabajo.

 

[1] Según Santo Tomas, las enfermedades corporales (con o sin síntomas psíquicos) pueden tener tres causas fundamentales: física, psíquica, y espiritual preternatural’  Echavarría, M.; La praxis de la Psicología; editorial UCALP; 2009; p. 381-383].

[2] Krapf, E.; Tomás de Aquino y la Psicopatología. Contribución al conocimiento de la psiquiatría medieval, Index, Buenos Aires, 1943, pg 36-37 

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