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LA INFLUENCIA DE LOS ÁNGELES EN EL PSIQUISMO (Parte 6)

Lic. en Fil. y Psic. MARIANA VOGLIAZZO (UCA ARGENTINA)

Esta es una entrada especialmente útil a psicólogos, psiquiatras, consejeros, sacerdotes.

 

3) Tercero, por la inmutación de los ángeles sobre la imaginación, pueden asociarse determinadas imágenes con determinadas estados emocionales o pasiones, de modo que, al evocar a través de la memoria  una forma imaginaria, se suscita también, por una especie de reflejo condicionado, una determinada pasión, y esto puede suceder de manera automática y sin participación  racional, como sucede en las impulsiones.  Larchet lo expresa claramente:

 

La memoria  (junto con la imaginación) produce especialmente tales pensamientos porque conserva los recuerdos de las faltas anteriores (de los pecados) y las huellas  de las pasiones imprimidas en otros tiempos, y sobretodo los del placer que iba ligado a ellas, lo que da a sus representaciones (imaginarias) un fuerte poder de seducción. La memoria, pues, es a menudo activada y excitada por los demonios,  que buscan en particular  volver a llevarla a estos recuerdos[1]

 

De esta manera, a través del trinomio  memoria–imaginación-pasiones, los demonios pueden generar representaciones con un gran poder de seducción que incluso llegan a instalar verdaderos reflejos condicionado  que mueven  glándulas, hormonas y órganos corporales; y todo este proceso involuntario –repetimos- se dispara de manera automática y sin participación racional, como en el caso de las impulsiones. También las obsesiones, que son ideas fijas, absurdas e intrusivas que asaltan la mente de la persona más allá de su voluntad, pueden ser desencadenadas por el influjo angélico, en tanto que están asociadas a la presencia de ciertas imágenes.  En síntesis la imaginación aparece siempre para los santos padres ‘como el principal instrumento de la acción demoníaca sobre el alma humana’, pudiendo los demonios a través de ella ejercer su acción vejatoria  suscitando en el hombre multiplicidad de estados emocionales y psíquicos como ser miedos, ansiedad, tristeza, o llegar hasta ‘engañarlo y extraviarlo en ilusiones diversas y hasta esclavizarlo’[2].

 

4) Por último las tendencias sensitivas, con sus correspondientes alteraciones corporales,  pueden debilitar o impedir en parte el juicio de la razón, como sucede en los frenéticos y en los dementes, en donde ‘el juicio y la aprehensión de la razón, y también el juicio de la facultad estimativa, son impedidos por la aprehensión vehemente y desordenada de la imaginación’ (I- II q.77 a.1).  A la manera de ejemplo explica Santo Tomás, ‘el irascible, actúa como si no escuchase del todo a la razón por la conmoción del calor que la mueve impetuosamente y que es el elemento material de la ira’  [I- II  q. 48, a.4].

 

Pues si bien es cierto que nuestra potencia intelectiva no necesita de órgano corporal para su acto propio, sin embargo entiende a partir de las imágenes, de esta manera, por influjo de la concupiscencia cuya incidencia sobre la imaginación es directa, puede la razón fácilmente ser arrastrada por el desorden pasional, juzgando de manera falsa y errada sobre los hechos. Dentro de esta pérdida del sentido de realidad los  delirios serían una consecuencia lógica, producto de la desviación del juicio de la razón que sigue la idea delirante, alimentada por la imaginación y las pasiones[3]. Cito a Santo Tomás

 

 ‘Por donde vemos que las personas  dominadas por una pasión  no apartan fácilmente su imaginación de aquellas cosa sobre las que están afectadas. De ahí que, en consecuencia, frecuentemente el juicio de la razón siga  a la pasión del apetito sensitivo y, consiguientemente, el movimiento de la voluntad,  a cuya naturaleza  corresponde  seguir el juicio de la razón’  (I- II q.77 a.1).

 

Por otro lado vimos que los ángeles, por su incidencia en la imaginación, pueden suscitar una gran cantidad y variedad de formas imaginarias, creadas a partir del material proveniente de los sentidos, está profusión de imágenes asimiladas a las sensaciones tienen la forma de auténticas ‘alucinaciones’ o ‘ilusiones’, las cuales también inciden sobre la razón, arrastrándola en su juicio sobre la realidad.  Como dice Larchet: 

 

"El hombre caído, por medio de su conocimiento que se ha vuelto carnal, juzga las cosas según solo según su apariencia sensible, ignorando lo que son en sí mismas, en su esencia inteligible (…) El hombre, al tomar por el ser verdadero lo que se le aparece, introduce la confusión más absoluta en su percepción de la realidad; toma lo falso por  verdadero y lo verdadero por falso, el mal por bien y el bien por mal. (…) Por tanto el hombre caído posee una visión invertida de lo real, conoce un mundo al contrario, lo cual es un síntoma inequívoco de su delirio’ [4] 

       

Todo esto puede ser de duración más o menos variable, con menor o mayor intensidad, cuyo efecto no es otro, como dijimos, que debilitar o impedir en parte o totalmente el juicio de la razón sobre la realidad.

 

‘El hombre caído vive, pues,  en un mundo  falso, irreal, creado por él, donde ignora  el auténtico significado  de los seres,  y ya no percibe las verdaderas relaciones que existen entre ellos. Esta confusión se acrecienta además por la acción del diablo, padre de toda mentira’[5]

 

Santo Tomás explica este proceso de obscurecimiento de la razón por obra del ángel malo de la siguiente forma:

 

La parte interior del alma es intelectiva y sensitiva. La intelectiva contiene el entendimiento y la voluntad (…). Más el entendimiento, de suyo, es movido por algo que le ilumina para conocer la verdad, cosa que el diablo no puede pretender respecto del hombre, sino más bien, entenebrecer su razón para que consienta en el pecado. Este oscurecimiento proviene de la fantasía y del apetito sensitivo. Por consiguiente la acción interior del diablo  parece ser en torno a la fantasía y al apetito sensitivo; conmoviendo a cualquiera de los dos puede inducir al pecado, pues puede actuar de modo que se le representen a la imaginación algunas formas imaginarias; y puede hacer también que el apetito sensitivo se excite hacia alguna pasión’  I-II q. 80, a. 2]    

 

En síntesis podemos decir que los ángeles [buenos o malos] actúan diversamente sobre las potencias y facultades del hombre conforme a la diferente condición ontológica. Así, en aquellas facultades aprehensivas que dependen  de una condición orgánica, como ser los sentidos internos y externos, los ángeles pueden obrar tanto de manera intrínseca, a través del movimiento local de los espíritus y humores, o de manera extrínseca, ya sea presentando al sentido alguna forma sensible que corresponda con su objeto formal propio.

 

En cambio, en la voluntad y en el entendimiento, que son potencias espirituales, solo pueden influir de manera indirecta y exteriormente, siempre a través de la acción que los ángeles ejercen sobre las potencias orgánicas.

 

De esta forma el ángel no tiene poder para penetrar y mover a las potencias espirituales desde dentro. Este rodeo en su inmutación sobre las potencias superiores lo realiza ‘solo y a través’ de su operación sobre el  psiquismo inferior, y por medio de la alteración o cambio local de los espíritus y humores. Solo de esta forma, repetimos,  pueden los ángeles influir sobre el entendimiento, únicamente a través de los sentidos, las pasiones o las alteraciones corporales, con todo no puede nunca el ángel doblegar completamente la voluntad.

 

[1] Jean Claude Larchet, Terapéutica de las enfermedades espirituales, Ediciones Sigueme, 2016, Salamanca, p. 98

[2]  Ibidem, p. 106-107

[3] Sabemos que toda idea delirante denota una carga emocional y afectiva que la hace hermética e irreductible a cualquier tipo de confrontación con la realidad

[4] Jean Claude Larchet, Terapéutica de las enfermedades espirituales, p.57

[5] Ibidem, p.57

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