Blog

Artículos Recomendados

­Las afecciones y su orden natural dentro de las potencias del alma como condición necesaria para la salud psíquica y espiritual del hombre

En este sentido dos son los tipos de potencias del alma según la diversidad de sus objetos: aprehensivas y apetitivas, las primeras tienen como objeto el conocimiento, ya sea del ser en universal o del ser en particular, las segundas, en cambio, son una cierta inclinación o tendencia natural hacia su objeto conveniente.

Pues bien, las afecciones, tal como las concibe San Ignacio, no son un conocimiento, sino más bien una inclinación o movimiento; de esta forma pertenecen a la parte apetitiva del alma. Asimismo, según explica Santo Tomás, las facultades apetitivas son potencias pasivas, esto significa ‘que por naturaleza han de ser movida por el objeto conocido’[1] Por eso el apetito es motor-movido, ‘pues lo apetecible no mueve al apetito sino en cuanto aprehendido’[2]. Esto significa que es de naturaleza del apetito el existir como forma dependiente de una aprehensión, por lo cual la potencia apetitiva sucede ontológicamente a la potencia aprehensiva y no al revés[3].

 

Por otro lado, las potencias apetitivas  se dividen en tres tipos, según la diferente formalidad de sus objetos, apetito natural que sigue a una forma natural en los seres sin conocimiento, el apetito sensitivo[4] que  abarca todos los movimientos o inclinaciones que tienen como base un órgano y que siguen a un conocimiento sensitivo, y por último el apetito racional o voluntad,  el cual solo puede ser movido por la razón universal de bien que le presenta el entendimiento[5]. 

 

En síntesis, cuando San Ignacio habla de ‘afecciones desordenadas’ nos referimos a ciertos movimientos de la potencia apetitiva y sensitiva del alma subsiguientes al conocimiento sensitivo. Estos movimientos, llamados pasiones, afirma el Doctor Angélico, tienen como sujeto un órgano corporal, por eso su elemento formal consiste en ser un cierto movimiento de la parte apetitiva, mientras que su elemento material en ser una transmutación material del órgano. Así se dice que la ira es un ardor de la sangre en el corazón, por ejemplo. Mientras que la voluntad también es una potencia perteneciente a la parte apetitiva pero su objeto no es el bien conocido por los sentidos, sino el bien universal conocido por una potencia aprehensiva espiritual. Voluntad y sensibilidad[6]difieren en su naturaleza específica, siendo la primer una potencia espiritual y la segunda una potencia orgánica.

 

Ahora bien, sostiene Santo Tomas que corresponde a la sensibilidad[7] el poder ser regulada por la razón y por la voluntad. Esto es posible porque dichas potencias no se encuentran aisladas unas de otras, sino que todas dimanan de la misma esencia del alma, y dimanan con un cierto orden. Por eso, las potencias intelectivas, que son anteriores a las sensitivas según el orden de naturaleza, mandan y dirigen a aquellas que le son inferiores[8]. Este orden y regulación mutua de las potencias superiores sobre las inferiores es principio de salud psíquica y espiritual. Contrariamente, la falta de orden y de regulación mutua de las potencias, produce una especie de esquizofrenia del alma, es decir de ruptura y división, que en términos clínicos es sinónimo de enfermedad.  Desde esta perspectiva, no es temerario afirmar que existe una conexión entre esta pérdida de la unidad del alma, producto de sus operaciones desordenadas, y las enfermedades de origen psicótico, ya que las evidencias fisiológicas o neuronales no alcanzan para demostrar un posible origen biológico de estas enfermedades en todos los casos.    

 

El psicólogo o terapeuta católico deberá tener un conocimiento preciso de la la antropología realista tomista, de manera de diferenciar el ámbito propio y el objeto específico correspondiente a cada potencia apetitiva, puesto que la salud psíquica dependerá de la subordinación de las potencias inferiores a las superiores.  Vale decir es conveniente para el hombre, proporcionado, connatural, que las potencias superiores imperen sobre la sensibilidad y que los apetitos sensibles obedezcan a la razón y a su apetito racional. Repito, no se trata de algo violento sino natural, saludable, benéfico, proporcionado a la naturaleza humana. Las corrientes de psicología modernas conciben este imperio de la razón sobre el resto de las potencias del alma como una represión o como algo violento, no consideran el concepto de naturaleza, ni de inclinaciones naturales, ni de ley natural. La razón es un agente extrínseco y represivo. Santo Tomás sugiere todo lo contrario, el entendimiento es la potencia más excelente de nuestras facultades, y la menos herida por causa de la culpa original. Ella debe imponer la regla del orden en la sensibilidad y pasiones de las almas, y de esta manera lograr la unidad de la vida psíquica y espiritual.   

 

Mariana Laura Vogliazzo

Licenciada en Psicología - UCA- Universidad Católica Argentina 

Licenciada en Filosofía - Universidad de Morón - Argentina

 

[1] 1 q 80 a 2

[2] 1 q 80 a 2

[3] Este orden es quebrado por el nominalismo, que rompe la mutua unidad y subordinación de las potencias haciendo de la potencia apetitiva una potencia autónoma de la aprehensiva, con lo cual la voluntad ya no quiere el bien ordenado por la razón, ni ésta es capaz de mostrar a la razón su objeto.  

[4] Por tanto, siendo el apetito sensitivo una inclinación natural que sigue al conocimiento sensitivo (como el apetito natural es inclinación que sigue a la forma natural) 1 q 81 a 2

[5] Vale aclarar, para la filosofía realista pertenece a la estructura ontológica de la realidad el que cada ser posea una inclinación o un movimiento hacia su fin.  Al respecto, ST insistirá que ‘cada forma lleva aneja una inclinación, es decir cada potencia del alma es una ‘naturaleza’  que lleva implícita, como una ley gravada en su substancia (la ley natural), una tendencia irrecusable  y necesaria  hacia su objeto[5].

[6] El apetito sensitivo difiere del intelectual o voluntad, en que aquel está ligado a un órgano corporal y para su actuación depende no solo de la potencia del alma, sino también de las disposiciones del órgano.

[7] El apetito sensitivo es una facultad genérica llamada sensibilidad, que se divide en dos potencias, la irascible y la concupiscible que son sus especies. 1 q 81 a 2

[8] 1 q 77 a 4 . 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Contador

Flag Counter

Quien está en línea?

Hay 63 invitados y ningún miembro en línea

Newsletter

* No venderemos su ID de correo electrónico